Volví a tener pesadillas con tortugas, quería intentar tener una real, pequeña y verde, para ver si podía superar el sentimiento, pero por ahora creo que no. Aún me asustan y entristecen. A ellas y a los peces es mejor mantenerlos lejos por algún tiempo. Después de que enterré a Blue, mi beta azul, en la maceta de la cuna de Moisés que tengo en la sala empecé a regalar las peceras…
De niña llegué a tener alrededor de 100 peces, la mayoría eran charales, pero a mí me gustaban, me parecían bonitos. Sin embargo, era terrible cuando alguno saltaba en su anhelo de pez libre y se encontraba con el cemento.
No pude más después de dejar morir al pececito anaranjado, esa imagen es muy dura todavía, a pesar de que la psicóloga decía que era sólo una niña pequeña y era responsabilidad de mis padres y no debía culparme y menos ellos -mi padre-. Recuerdo su mirada dura.
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