domingo, 26 de diciembre de 2010

De la resaca

En la mesa la nochebuena que mi madre me regaló y en el sillón los gatos se acicalan. La cama aún revuelta y el cielo nublado. Este día posnavideño se confabula en contra mía o ¿será a mi favor? Todavía tarareo las canciones de cuna para el pequeño Isaac, la voz de mi padre y nuestros ojos atentos a su boca -a sus palabras como polvos azulados-, la sonrisa de mi madre y la gata contenta brincando en la madrugada. Y luego ese árbol con esferas moradas y doradas tan ajeno a todo, no podía evitar sentir que no pertenecía a ese espacio, y esta vez no quise reflejarme en las esferas como siempre y no sé por qué. Era frío.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Aun enojada...

Como Gata Boca Arriba

Te quiero como gata boca arriba,
panza arriba te quiero,
maullando a través de tu mirada,
de este amor-jaula
violento,
lleno de zarpazos
como una noche de luna
y dos gatos enamorados
discutiendo su amor en los tejados,
amándose a gritos y llantos,
a maldiciones, lagrimas y sonrisas
(de esas que hacen temblar el cuerpo de alegría)

Te quiero como gata panza arriba
y me defiendo de huir,
de dejar esta pelea
de callejones y noches sin hablarnos,
este amor que me marea,
que me llena de polen,
de fertilidad
y me anda en el día por la espalda
haciéndome cosquillas.

No me voy, no quiero irme, dejarte,
te busco agazapada
ronroneando,
te busco saliendo detrás del sofá,
brincando sobre tu cama,
pasándote la cola por los ojos,
te busco desperezándome en la alfombra,
poniéndome los anteojos para leer
libros de educación del hogar
y no andar chiflada y saber manejar la casa,
poner la comida,
asear los cuartos,
amarte sin polvo y sin desorden,
amarte organizadamente,
poniéndole orden a este alboroto
de revolución y trabajo y amor
a tiempo y destiempo,
de noche, de madrugada,
en el baño,
riéndonos como gatos mansos,
lamiéndonos la cara como gatos viejos y cansados
a los pies del sofá de leer el periódico.

Te quiero como gata agradecida,
gorda de estar mimada,
te quiero como gata flaca
perseguida y llorona,
te quiero como gata, mi amor,
como gata, Gioconda,
como mujer,
te quiero.

Goioconda Belli

domingo, 10 de octubre de 2010

Sólo tú

Ahora caigo en la cuenta del peso que deposito en tus hombros cuando te digo "mi vida", "mi amor", "mi cielo". Aún así estás conmigo. Y te extraño tanto en esta noche acompañada sólo del dolor que no me deja y del deambular del gato. Hoy cuando las estrellas se fracturan y puedo escuchar su crujir. Y aquellas del techo se apagan lentamente.

domingo, 3 de octubre de 2010

martes, 21 de septiembre de 2010

Punzamientos

El zzzzzzzzzzzzzz de mi cabeza.
Despojada de mi oficina.
Frío y la tempestad de la tarde.
El no llanto.
Los puntos de mi falda.
Mis aretes negros.

El cabello alborotado.
Mis ojos...
Yo...

lunes, 20 de septiembre de 2010

lunes



Hoy la T me ha caído como una ola enorme, de esas que te arrastran y te hacen tragar arena. Y cada que se acerca de ese modo me asusta, porque no quiero que permanezca, que se quede de nuevo. Hoy traigo la garganta anudada con un listón azul desde muy temprano. Tengo ganas de usar el collar de perlas con cristales, tener una vía láctea alrededor del cuello, pero y si es cierto lo que dice mi madre y todo empezó con los aretes con perlas de la abuela, o era un anillo, no sé, no importa. Tampoco sé si terminó también con ellos. Hoy estoy dispar, me siento como aquella mujer de las películas de Almodovar con la cara de un Picasso, tiene razón él, su cara es así. Quisiera un hueco negro donde poder abrazar mis piernas y acurrucar el rostro sobre ellas, pero tampoco puedo porque me dan claustrofobia los lugares muy pequeños. Quiero que te reduzcas hasta ser nada, que te vayas como puntos suspensivos hasta desaparecer, que te conviertas en polvo y te pueda barrer con una escoba hecha de plumas y vueles hacia la nada.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Friday nightmare

El viernes fue trágico, entonces todo adquirió sentido sin tenerlo. Enloquecí como aquellos días en que me perdía en lugares bien conocidos y puedo decir que esa es de las peores pérdidas o perdidas, no sé. Así, me perdí y lo perdí. Mientras veía correr el reloj la ansiedad me perturbaba más y las imágenes llegaban y lo empeoraban todo: él, la gallina degollada (no la de Quiroga), la mariposa negra y todo el remolino que me hacía permanecer adherida a la pared. Esperando. Llegaban uno y otro y otro tren y las lágrimas me escurrían por las mejillas. Impaciente seguía pensando y me taladraban el cráneo tantos pensamientos y estaba asustada y luego aquel joven se acercó y me ofreció un pañuelo y luego me hizo esa señal con el pulgar hacia arriba y las lágrimas brotaron más. Y en un flashback mezclaba aquel pasado con el presente. Aquí, allá, atrás, aquí... Y yo tan vulnerable y temerosa salí corriendo con las imágenes y las palabras tras de mí golpeándome la nuca.